Dentro de esa suerte la exposición se dilata y nunca llega, pero yo presento, mis cuatro piezas cerámicas, ¡ que número el cuatro! y me entrevisto con uno de los dueños o socios de la sala, y él opina, y él comenta, y dentro de lo insulso me nombra a Miguel Barceló, que corro el riesgo de seguir su secuela, que le gusta, pero bajo su sombra, la de Barceló. Lo siento pero no, respeto a Barceló, pero no. Fácil conocer a Barceló y utilizarlo en ámbito artístico cerámico como referente, pero lo único que consigues con ello es mostrar tus costuras, y obviar la inigualable existencia y presencia de Peter Voulkos, la delicada de Gustavo Pérez, mi amor por la cerámica de Lucie Ray, el torbellino de Koie Ryoji... por citar cuatro ¡ el número!, que pueden ser un ocho, un sesenta y nueve, un sin de números y de grandes autores y trabajos, un arte en si mismo, pero nunca un espejo en Barceló.
La memoria en los dedos, una oportunidad, una exposición propuesta por una sala y secundada por la FEDAC, cuatro artesanos con un trabajo interesante para "sacar de la calle" y llevarlos a exposición, lo dicho, una conversación insulsa, insulsa, insulsa. ¡¿Habrá vol IV?!
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